Malos tiempo para la diversidad/ Bad time for diversity

 

Este año que empieza no ofrece demasiados signos de esperanza para el optimismo. La deriva de los principales gobiernos mundiales hacia posiciones no ya conservadoras, sino incluso francamente xenófobas y racistas, envueltas en proclamas más o menos ardorosas hacia el nacionalismo, no ofrece mucho margen que digamos.

Situaciones como la de EE. UU con Donald Trump gobernando los próximos cuatro años desde premisas ya proclamadas de hostilidad hacia prácticas más o menos tolerantes de Obama, no hacen prever nada bueno. Tenemos ya un caso anterior reciente, el de Bush que nos dejó inmersos en terribles conflictos internacionales provocados directamente o favorecidos por sus políticas xenófobas. Tendencia que su sucesor Obama no pudo corregir del todo. Las amenazas hacia los inmigrantes en situación administrativa irregular, la promesa bíblica de construir un muro que le separe de México, la beligerancia hacia los musulmanes o la guerra comercial que ya ha manifestado hacia China, son otros tantos elementos alimentadores de conflictos y reductores de las aportaciones sociales y económicas que una situación de diversidad y una inteligente gestión de la misma, puede aportar a la propia sociedad. Eso sin mencionar cuál va a ser la política respecto a los afroamericanos, firmes candidatos en esta ideología a ser señalados como falsas fuentes de muchos de los problemas internos.

En el caso norteamericano, esta posición xenófoba y reduccionista parece ignorar que ese gran país se hizo a partir de las numerosas contribuciones de los contingentes migratorios a lo largo de su historia. Si no hubiera sido por el aporte de los venidos de fuera en términos culturales, demográficos, laborales, científicos…el país no hubiera sido viable a largo plazo. Muchos de ellos, o de sus descendientes más inmediatos, dieron su vida por defender los valores de su nueva patria. Una contradicción difícil de ignorar, a no ser que el nuevo empresario esté pensando en un país regido por los principios estrictos de la pintoresca comunidad Amish. No parece, al menos por lo que se refiere al cumplimiento de las virtudes morales de este grupo.

Más cerca de nosotros, europeos, tenemos el caso de Gran Bretaña y su política de Brexit, el abandono de la Unión Europea consecuencia de un malhadado referéndum, convocado sólo por la soberbia política de los dirigentes del partido conservador en el Gobierno; referéndum que ahora dicen que perdieron. En este caso, parece muy claro que la xenofobia y el miedo al inmigrante, ejemplificados en la actividad anti europea de Nigel Farage, alimentaron el rechazo a permanecer en la Unión. Al final el resultado asustó a todos, británicos incluidos que intentaron recular, lo que ya no era posible. De esta forma el Reino Unido renuncia a practicar una política de acogida e integración de personas venidas de fuera, pero sobre todo de asumir los beneficios de las aportaciones de los venidos de fuera, que a la larga siempre son superiores a los beneficios que éstos obtienen trasladándose a un país con una buena cobertura de servicios sanitarios, sociales y laborales. La sociedad británica tendrá problemas con esta decisión que la apartará de su ámbito natural, con el que es verdad que siempre mantuvo una relación de amor/odio, pero del que no puede escapar. Los problemas parecen empezar en Escocia que no ve con buenos ojos su separación de Europa ámbito político y económico que le garantizaba condiciones favorables a su autonomía, sospechando una futura oposición por parte de la nueva Inglaterra, a su tradicional autonomía.

 La sociedad inglesa tendrá que recomponerse en un mundo globalizado en el que oponerse a la diversidad en vez de hacer una buena gestión de la misma, es “ponerle puertas al campo”, es decir es una actitud imposible de mantener por mucho tiempo. Ni siquiera la virtual alianza con los EE.UU de Trump, última esperanza blanca de los conservadores ingleses, permitirá impedir las consecuencias de este aislamiento.

No son los únicos casos próximos. Polonia y Hungría está gobernados por partidos políticos cuyos dirigentes han manifestado fehacientemente su rechazo de toda forma de diversidad que atente contra la sacrosanta ideología nacionalista que afirman defender. Su posición en la crisis de los refugiados sirios nos ha permitido comprobar que van en serio.

Aún nos queda alguna incógnita por despejar. En Francia, Marie Le Pen, presidenta del Frente Nacional, fundado por su padre, es una firme candidata a la presidencia de su país y cuenta con una buena perspectiva de voto popular, pero lo tendrá difícil pues en circunstancias similares todo el arco político restante se unió contra su padre, impidiéndole llegar al Elíseo. Su ideología es perfectamente homologable a lo que piensan Trump, Farge, Víktor Orbán (Hungría) o Andrzej Duda (Polonia); todos ellos conservadores y xenófobos a ultranza.

De nuestro país ¿Qué decir? Pues que está gobernado por un partido muy conservador que se mantiene en el poder ganando elecciones en las que tiene el apoyo de los que temen al cambio, a cualquier novedad en una situación de crisis. Lo curioso es que en nuestro país eso sucede con el apoyo indirecto del partido socialista, referente nominal del progreso, la apertura, la tolerancia durante mucho tiempo y ahora preocupado sólo de sobrevivir a cualquier precio ante el empuje de otras fuerzas de izquierda.

Quiero recalcar que en todos los casos estos gobernantes, que no sabemos a dónde nos van a conducir, gobiernan con el apoyo de millones de personas que no deberían de votarles, pues no ganan nada apoyando sus políticas de aislamiento, rechazo al otro, combate a la innovación en su propia sociedad. No son ni mucho menos los inmigrantes, vengan de Siria, Irak, Afganistán, México, Centro américa o del otro lado del Canal o del Estrecho, los verdaderos responsables de la situación de crisis. Esta es el magma en el que cristalizan estas posiciones xenófobas, de ultra defensa de “lo propio”. La verdadera responsabilidad reside en las políticas que se han definido y desarrollado en el mundo en los últimos quince o veinte años nominalmente de corte neoliberal pero preñadas de conservadurismo. Políticas económicas, sociales, culturales y territoriales que han creado una crisis caracterizada por manipulaciones financieras a gran escala, restricciones presupuestarias, paro generalizado, disminución del gasto social, empobrecimiento de grandes sectores de población, guerras regionales alimentadas por los más poderosos, gestión de las políticas de admisión e integración con predominio sólo de los aspectos policiales del asunto y demás políticas que adornan al capitalismo en esta fase, que no sabemos si será final pero que terminaremos deseando que así lo sea.

 En este contexto, indicaba que la apelación a la gestión de la diversidad en sentido amplio, social, cultural, político, económico, de gestión urbana… va a tener que enfrentarse a enormes dificultades. A políticas que irán redefiniendo la dominación económica, financiera y de las ideas, por parte de los grupos sociales y los países más poderosos que tratarán de asegurar siempre el control de los procesos de cambio, procurando que al final las posibles innovaciones, como diría el gran Zygmunt Bauman, terminen realizándose en una tienda, es decir estimulando el consumo continuo, que parece una necesidad insoslayable del Capital. Tendremos que analizar esto cambios y darles una respuesta, reformulando posiblemente el concepto de gestión de la diversidad, entendida como conjunto de instrumentos para gobernar de forma articulada e integrada hasta lo razonable, una realidad que manifiesta intereses y prácticas diferentes, pero no necesariamente incompatibles en todo. Sigo creyendo en la virtualidad de   una adecuada gestión de la diversidad, con objetivos de progreso y justicia. Entendiendo adecuada como ajustada a las cambiantes condiciones de este mundo globalizado y dominado como nunca por las determinaciones económicas y financieras. Esta fórmula continuará siendo un buen instrumento para combatir el empobrecimiento en muchos aspectos o los inviables intentos de aislamiento y desde luego para acercarnos al progreso de la Humanidad, entendido en términos holísticos.

 

English version.

This coming year does not offer us too many hopeful signs of optimism. The drift of the leading world governments to positions that are not already conservative, but even frankly xenophobic and racist, wrapped in more or less ardent proclamations towards nationalism, does not offer much room for us to say.

Situations such as the EE. UU with Donald Trump ruling the next four years from proclaimed premises of hostility towards more or less tolerant practices of Obama, do not predicte anything good. We have a recent recent case, President  Bush that left us immersed in terrible international conflicts provoked directly or favored by his xenophobic policies. A trend that his successor Obama cannot to correc at all. The threats to immigrants in an irregular administrative situation, the biblical promise to build a wall separating U.S.A. from Mexico, the belligerence towards the Muslims or the commercial war that has already manifested towards China, are all of them elements that fuel conflicts and reduce the social and economic contributions that a situation of diversity and an intelligent management of the same, can contribute to the own society. Not to mention what will be the policy regarding African Americans, firm candidates, in this ideology, to be pointed as falsecauses of many indoor problems.

As for the North American case, this xenophobic and reductionist position, seems to ignore that this great country was made from the numerous contributions of the migratory contingents throughout its history. If it had not been for the contribution of outsiders in cultural, demographic, labor, scientific … the country would not have been viable in the long term. Many of them, or their immediate descendants, gave their lives to defend the values of their new homeland. A contradiction difficult to ignore, unless the new leader-real estate entrepreneur is thinking of a country governed by the strict principles of the picturesque Amish community. It does not seem, at least as far as the fulfillment of the moral virtues of this group is concerned.

Closer to us Europeans, is the case of Britain and its policy of Brexit, the abandonment of the European Union as a result of an ill-fated referendum, summoned only by the arrogant policy of the leaders of the conservative party in the Government; Referendum that now say they lost. In the case of United Kingdom, it seems very clear that xenophobia and the fear of immigrants, exemplified by Nigel Farage’s anti-European activity, fueled the refusal to remain in the Union. At the end the result scared everyone, including Britons who tried to recuse, which was no longer possible. In such a way the UK renounces to practice a policy of welcome and integration of people from outside, but above all to assume the benefits of the contributions of outsiders, who in the long run are always greater than the benefits they get moving to a country with good coverage of health, social and labor services. British society will have problems with this decision that will separate them from its natural environment, with which it is true that UK always had a relationship of love / hate, but of which it cannot escape. The problems seem to begin in Scotland, which does not welcome the separation of Europe from the political and economic realm which guaranteed to this area conditions favorable to its autonomy, suspecting a future opposition to its traditional autonomy by the  new UK.

The English society will have to recompose itself in a globalized world in which to oppose to the diversity instead of to make a good management of the same, is to “put doors to the field”, that is to say it is an attitude impossible to maintain for long time. Not even the virtual alliance with the US of Trump, the last greta white hope of English conservatives, will prevent the consequences of this isolation.

They are not the only close cases. Poland and Hungary are governed by political parties whose leaders have consistently expressed their rejection of all forms of diversity that violate the sacrosanct nationalist ideology they claim to defend. Their position in the crisis of the Syrian refugees has shown us they are speaking seriously.

We still have some unknowns to clear. In France, Marie Le Pen, president of the National Front, founded by her father, is a firm candidate for the presidency of her country and has a good prospect of a popular vote, but it will be difficult because in similar circumstances the whole remaining political arc unite against his father, preventing him from reaching the Elysee. Its ideology is perfectly homologous to what think Trump, Farge, Víktor Orbán (Hungary) or Andrzej Duda (Poland).  All of them characters of extreme conservative and xenophobic  thought.

What can we say about our country? For it is governed by a very conservative party, Popular Party, that keeps on winner in elections in which they have the support of those who fear changes, or any in a crisis situation. The strange thing is that in our country this happens with the indirect support of the Socialist Party, nominal referent of progress, openness, tolerance for a long time and now only concerned to survive at any price before the push of other leftist forces.

I want to emphasize that in all cases these rulers, who do not know to where they are going to take us, govern with the support of millions of people who should not vote for them, because they gain nothing by supporting their policies of isolation, rejection of the other,  fight against innovation in their own society. They are not immigrants, come from Syria, Iraq, Afghanistan, Mexico, Central America or across the Channel or the Strait of Gibraltar, the real responsible for the crisis situation. This is a magma in which crystallize these xenophobic positions, of ultra-defense of “own”. The real responsibility resides in the policies that have been defined and developed in the world in the last fifteen or twenty years nominally of neoliberal thinking but indeed pregnant of conservatism. The policies economic, social, cultural and territorial have created a crisis characterized by large-scale financial manipulation, budget constraints, widespread unemployment, declining social spending, impoverishment of large sections of the population, regional wars fed by the most powerful, policies of admission and integration with predominance only of the police aspects of the matter and other policies that adorn the capitalism in this phase. We do not know if it will be final but we will end up wishing it to be so.

 In this context, I indicated that the appeal to the management of diversity in a broad sense, social, cultural, political, economic, urban management … will have to face enormous difficulties. To face to policies that will redefine economic, financial and ideas domination by social groups and the most powerful countries. They  will always try to ensure the control of the processes of change,looking for at in the end possible innovations, as said Zygmunt Bauman, end up being realized in a store. That is to say stimulating the continuous consumption, that seems an unavoidable necessity of Capital. We will have to analyze these changes and give them an answer, possibly reformulating the concept of diversity management, understood as a set of instruments to govern in an articulated and integrated way, to reasonable degree, a reality that shows different interests and practices, but not necessarily incompatible in all. I still believe in the virtuality of an adequate management of diversity, with objectives of progress and justice. I understand adequate as adjusted to the changing conditions of this globalized world, dominated as never before by economic and financial determinations. This formula will continue to be a good instrument to combat impoverishment in many respects or the inviable attempts of isolation and certainly to ensure the progress of humanity, understood in a holistic  way.

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