La lógica de la transformación/ destrucción urbana. The logic of the urban transformation / destruction.

La lógica de la transformación/ destrucción urbana.

Hay un asunto recurrente sobre la teoría de la ciudad al que en mi opinión no se le acaba de dar solución. Podría sustanciar el enunciado diciendo que se trata de ver cuál es la relación entre la ciudad y la sociedad. Quiero decir, entre una ciudad concreta y la sociedad que vive en ella. Las formulaciones más actuales reconocen que entre ambos hechos hay una relación directa, dialéctica. Pero a duras penas superan la visión de la ciudad, ese espacio construido, como el escenario de la batalla social. Aunque ese escenario condicione el desarrollo, creo que no sea así. La ciudad es la propia batalla social, nada de escenario sino actor principal. ¿Cómo es posible esto? Pues creo que la construcción de la ciudad en el capitalismo tiene ciertas leyes, de base económica claro está, que funcionan casi como una máquina. Cuando esas leyes construyen algo, lo construido, en este caso la ciudad, que es siempre un hecho dinámico, evoluciona según dictan esas leyes y se convierte en objeto casi autónomo. Es decir que evoluciona, o trata de hacerlo,  según sus propias necesidades ( las de esas leyes).  Resulta muy difícil controlar ese proceso, a no ser que se cambie por completo la perspectiva. La consideración de escenario es pobre. La de elemento en relación dialéctica con la sociedad es insuficiente. Habría que profundizar más en esta consideración de objeto autónomo, que cambia y evoluciona según sus propias leyes, para alcanzar a comprender como se puede influir en ese proceso y aproximar la ciudad a las necesidades de la sociedad con la que se relaciona, sin duda, pero  desde una posición de poder.

Los procesos de transformación, fallidos o con éxito, nos dan una pista inicial de cuál es la lógica de la ciudad en un período concreto. La diversidad puede constituir un momento de “río revuelto” para las lógicas urbanas dominantes, pero también la gestión democrática  de esa diversidad puede constituir un principio de orden para la lógica del capital, con frecuencia desbocada, y la posibilidad de establecer  controles y formas diferentes de construir la ciudad, más atentas a satisfacer, de forma sostenible, necesidades reales que a practicar la blitzkrieg del crecimiento y el cambio intempestivo. La lógica del capital es insaciable e hipercompetitiva. La de gestión de la diversidad debe ser atemperada, colaborativa, sostenible y democrática y como se ha dicho tantas veces, estar al servicio de los intereses de la gente y no de alguna gente sólo.

Creo que resulta imprescindible  registrar cómo es esa lógica, cómo opera y dónde y quién está detrás de esos procesos de cambio y que relación guardan con las grandes operaciones de reproducción del capital financiero, nacional o internacional, que siempre las hay.  Ese conocimiento equivaldría a desvelar cuál es el papel de ese actor principal, que decíamos antes. Comparar lo descubierto en ese sentido, con las necesidades de la diversidad social que deben ser gestionadas, es un paso necesario para construir una alternativa real, que se pueda especificar y aplicar. Definir la diversidad en términos de intereses, necesidades y expectativas de la sociedad, tampoco es una operación fácil, pues la sociedad es un objeto muy complejo y muy cambiante. Desde luego resulta ineludible definir formas de gestionar la diversidad existente, si se quieren construir alternativas (a la lógica aplastante del capital) más equilibradas, menos despilfarradores y más sostenibles, más próximas a los intereses que la gente comprende como suyos.

Los tiempos que vivimos en nuestro país, pueden ser propicios para esta redefinición de los procesos urbanos, sin que nos tiemble el pulso por aplazar, o simplemente anular, operaciones que al socaire de la creación de riqueza o trabajo, refuerzan esa lógica despilfarradora, destructora, sobre la ciudad ya construida  o sobre sus espacios libres vecinos, que está  alejada de los intereses diversos de la gente. Debemos esforzarnos por romper el espinazo de esa lógica, creando una alternativa real y democrática a los procesos de transformación urbana ahora vigentes.

Ahora bien, a nivel práctico, ¿cómo abordar la tarea de identificar operaciones megalomaníacas?. No suele ser difícil relacionar en cada ámbito concreto, por lo general grandes ciudades, pero no sólo estas, las actuaciones innecesarias. Así, grandes infraestructuras de todo tipo: de movilidad o transporte, culturales, lúdicas u actuaciones de construcción  de miles, a veces decenas de miles de viviendas en ámbitos donde aún existen miles de viviendas vacías sin ocupar. La justificación de la mayoría de estas actuaciones no es el servicio que prestan, hay otros modos de hacerlo, sino los pingües beneficios que ha reportado a los inversores privados, casi siempre con la obligada participación de la Administración Pública. Podemos recordar algunas acciones de este tipo: la política de Alta Velocidad que ha primado la construcción de estos trazados, hasta la exageración, sobre una mejora sustancial de la red existente. La construcción de aeropuertos sin uso, ciudades de la cultura sin cultura, pero de escala gigantesca, parques acuáticos de gran dimensión, sin agua ni visitantes, desarrollos edificatorios grandiosos en grandes ciudades con el objetivo de obtener miles de viviendas y literalmente hectáreas de superficie de oficinas…Los ejemplos son conocidos y causan estupor y vergüenza, además de indignación cuando se sabe que el dinero público, el de todos, no el del Gobierno, ha participado en estas insensatas operaciones en grandes cantidades. El fin era asegurar negocios y no prestar servicios reales. Tampoco resulta difícil, una vez identificadas estas ruinosas locuras, conocer quien anda detrás, cuáles eran los objetivos y quienes los presuntos beneficiarios, nacionales y también en buena proporción, extranjeros. Muchas de estas operaciones están ya ejecutadas o medio ejecutadas. Habría que tratar de revertir los efectos económicos negativos a sus verdaderos promotores, conocidos en la mayoría de los casos. Las que aún no se hayan finalizado, deberían ser sometidas a un riguroso análisis de coste/ beneficio, incluso sociales y proceder a su paralización en aquellos casos que este sea desfavorable.

 Construir la alternativa a esta lógica es una labor minuciosa, lenta y experimental en muchos aspectos, con necesarias altas dosis de imaginación, con avances y retrocesos. No puede definirse con precisión desde el principio, como si fuera un proyecto a ejecutar, sino que debe hacerse de una forma acumulativa, sumando respuestas a las necesidades que se manifiestan y cometiendo necesariamente errores. La mera yuxtaposición de necesidades, reivindicaciones y de sus correspondientes inmediatas soluciones, no constituye un modelo. Este es una construcción más global, donde detección de necesidades y diseño de soluciones, se articulan en un marco de gestión integral, ahora condicionada además por la diversidad. Definir este un nuevo modelo no es fácil, aunque también es cierto que la diversidad ha empezado a manifestarse en muchos sitios y de forma muy diferente y que su gestión es un instrumento poderoso para avanzar en esa construcción. Esa lectura de las necesidades y la formulación de las mismas, debería hacerse en el marco de procesos colaborativos entre los ciudadanos y la Administración Pública, usando técnicas como la  acción/participación, procesos donde los técnicos pudiesen elaborar respuestas al servicio de las necesidades de la gente, en un panorama de recursos económicos escasos y aplicando preceptos de sostenibilidad. Se trataría de romper con la idea de que las necesidades sociales son un buen terreno para los negocios privados, cuanto más rentables mejor, y de sustituirla por la vieja idea, que debe ser técnicamente actualizada, de un  servicio público de eficaz gestión y de calidad en sus prestaciones, que es lo que la gente demanda. En fin, es probable que en los próximos años tengamos que dedicar muchos recursos de todo tipo a construir esa alternativa a lo que hay, que la gente intuye como necesaria pero que es una tarea titánica. Lo veremos.

The logic of the urban transformation / destruction.

There is a recurring theme on the theory of the city which in my opinion It is not given a correct solution. It could substantiate the statement saying that It’s about seeing what the relationship between the city and society. I mean between a given city and society that lives there. The most current formulations recognize that between the two events is a direct, dialectical relationship. But barely exceed the vision of the city, the built space, as the scene of social struggle. And I think not. The city is the social battle itself, It is not the scenario, but a major player. How is this possible? Well, I think that the construction of the city in capitalism has certain laws, which are of economic base, is clear. These laws make the city work almost like a machine. When those laws build something, the constructed object, in this case the city, which is always a dynamic fact, evolves as dictated by these laws and becomes almost an autonomous object.That is to say it evolves, or tries to, according to the needs of these laws. It is very difficult to control this process unless you change the whole perspective. Considering scenario is poor. To see the city as an element in dialectical relationship with society is insufficient. We should go deeper into this consideration of autonomous object, which changes and evolves according to its own laws, to fathom how you can influence that process and bring the city to the needs of society with which relates from a position of power .

The transformation processes, failed or successful, give us an initial clue what is the logic of the city in a given period. Diversity can be a time of “troubled waters” for the chief urban logics, but also the democratic management of that diversity can be a principle of order to the logic of capital, often rampant, and the possibility of controls and different ways of building the city, more attentive to satisfy sustainably, real needs than to practice the blitzkrieg of  untimely growth and change. The logic of capital is insatiable and hypercompetitive. The management of diversity must be tempered, collaborative, sustainable and democratic and as has been said many times, to serve the interests of the people and not just of some people.

I think it is essential to record how that logic is, how it operates and where it operates and who is behind these processes of change and how they relate to large financial playback operations, national or international capital, which always are present.  That knowledge equivalent to reveal what is the role of the main actor, we said before. To compare these findings with the needs of the social diversity, that must be managed, can help us to build a real alternative, that it can be formulated and implemented. To define diversity in terms of interests, needs and expectations of society, it is not an easy operation, since society is a very complex and fast-moving object. Of course it is unavoidable to define ways to manage diversity, if you want to build alternatives (to the overwhelming logic of capital) more balanced, less wasteful and more sustainable, closer to the interest that people understand as their own.

The times we live in our country  can be conducive to this redefinition of urban processes, without us shake the pulse to postpone or simply cancel, operations which  in the lee of wealth creation or work, reinforce that wasteful, destructive logic upon the existing city and or the open spaces in the vicinity of the city. A logic that is remote from the diverse interests of the people. We must strive to break the back of this logic, creating a real and democratic alternative to the processes of urban transformation in forcé now.

However, and on a practical level, how to approach the task of identifying these megalomaniac operations? There is often not difficult to identify in each specific area, usually large cities, but not only these, unnecessary actions. Thus, all major infrastructure: mobility and transport, cultural, recreational or the building of thousands, sometimes tens of thousands of houses in areas where there are still thousands of empty houses. The justification for most of these actions is not the service they provide, there are other ways to do it, but the huge profits reported for private investors, often with the obligatory participation of the Public Administration. We can recall some such actions: Politics of High Speed Railways ​​ that has dominated the construction of ground mobility solutions, instead of improving existing networks. The construction of airports without use, cities of culture of gigantic scale but without culture, large-scale water parks, without water or visitors, the construction of great developments in large cities in order to get literally thousands of houses and hectares of surface for offices … The examples are known and cause shock and shame, besides indignation when we know that public money, all of us, has participated in these senseless operations in large quantities. The purpose was to justify private  business and not at  all real services. It is not difficult, once identified these ruinous follies, to know who he is behind them, what the objectives were and who the intended beneficiaries, national and in good proportion, foreigners. Many of these operations have already been executed or medium executed. We should try to reverse the negative economic impact to their true promoters, known in most cases. Which still have not been finalized, they should be subjected to a rigorous analysis of cost / benefit, including social and proceed to a standstill in those cases where this is unfavorable.

 Build the alternative to this logic is a meticulous, slow and experimental work in many ways, with high needed doses of imagination, with advances and setbacks. It can not be precisely defined from the beginning, like a project to be implemented. It must be done in a cumulative way, adding answers to the needs arising and necessarily making mistakes. The juxtaposition of needs, claims and their corresponding immediate solutions, is not at all a model. This one is a global construction, where detection of needs and design of solutions are articulated on a frame, now also influenced by the integrated management diversity. Define this new model is not easy, but it is also true that diversity has begun to manifest itself in many places and in very different ways and that their management is a powerful instrument to progress in the construction of this model. The needs assessment and the formulation thereof, should be done within the framework of collaborative processes between citizens and public administration using techniques such as action / participation, where technicians could design responses to the needs of people in an overview of financial resources limited and fulfilling precepts of sustainability. This would be to break with the idea that social needs are a good way for profitable private businesses, the more the better, and replace it with the old idea of ​​a public service with an effective management and with quality performance, which is what people demand, although it should be technically updated.

Finally, it is likely that in the coming years we have to devote a lot of resources of all kinds to build the alternative to existings processes, that is often what people   sensed as necessary. That is a daunting task. We will see the next years.

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