SPORTS AND DIVERSITY/ DEPORTE Y DIVERSIDAD

 

In a previous article I said that Tour de France has become, thanks to the profile of participants and viewers, in a magnificent example of the diversity that permeates us, the Europeans.

I want to point out today a similar topic. I will refer this time to the recent European Athletics Championships, held in the city of Barcelona. Reflection arises again on the enormous kaleidoscope that we have seen in the race tracks, in the stadium and in the city. I am not referring to the fact that the participants came from all over the European world. Neither I mean that the audience in the stadium and the streets of Barcelona showed, through the national symbols, the different and sometimes distant origins. That is so obvious that is not worth comment. 

I refer to the competitors. They showed too, a variety of sources. Teams from countries such as France, Britain, Spain (lesser extent), in fact almost all countries, showed nationalized immigrants or children of former immigrants. All  from African, North African or Latin American. I remember a number of Ethiopian origin athletes competing for Turkey or Azerbaijan. My strongest memory is the 3000 meters steeplechase final, in which two portentous French athletes of obviously maghrebian names, like M. Mekhissi-Benabbes and B. Tahri, won the race comfortably. Moreover if we looked at the medals ceremonies we could see that diversity in sports is now part of European character. In addition, this fact implies a regeneration of elite European sports, probably very necessary. In tha case of Spain, due the apparent “aging” of its competitors, this fact marks a very interesting way to renewal.

Someone maybe say that this is the way, that those who came from outside, to achieve recognition and admiration, in short integration, in the countries where they live today. That’s true and it’s very positive, because it shows that sport can be a good way for integration based on the recognition of one’s own merit and personal effort and not the color of skin, national roots of the name, native blood purity of the athletes.

That is the path which, I repeat once again, the Europeans we must walk along to get all the virtues of our changing circumstances.

 Versión en español

En un artículo anterior indicaba que El Tour de Francia se estaba convirtiendo, merced al perfil de participantes y asistentes, en un magnífico ejemplo de la diversidad que nos impregna a los europeos.

Pues vuelvo sobre un tema similar. Me refiero esta vez a los recientes Campeonatos Europeos de Atletismo celebrados en la ciudad de Barcelona. De nuevo surge la reflexión sobre el enorme calidoscopio que hemos podido ver en  participantes y público asistente. No me refiero al hecho de que los participantes procedían de todo el orbe europeo. O que los asistentes, en el estadio y por la calles de la Ciudad Condal  mostraban, a través de las enseñas nacionales, los distintos y a veces distantes orígenes. Estos son hechosobvios que no merece la pena comentar.

Me refiero a los propios competidores que mostraban también, una gran variedad  de orígenes. Países como Francia, Gran Bretaña, España (en menor medida), en realidad casi todos los países, tenían entre sus representantes  inmigrantes nacionalizados o hijos de antiguos inmigrantes africanos, magrebíes o latinoamericanos.  Recuerdo una serie de atletas de origen etíope compitiendo por Turquía o por Azerbaiyán. Mi recuerdo más intenso es la final de 3000 metros obstáculos, en la que dos portentosos atletas franceses de evidente nombre magrebí, M. Mekhissi –Benabbad y B. Tahri, ganaron  holgadamente la carrera. No había más que fijarse en las ceremonias de entrega de medallas para comprobar esta diversidad deportiva que hoy forma parte del carácter europeo. Además este hecho  implica, una regeneración de las elites deportivas europeas, probablemente muy necesaria. Para España, por el evidente “envejecimiento” de sus competidores, marca un camino de renovación muy interesante.

Tal vez alguien diga que esa es la forma que tienen los que vienen de fuera de alcanzar reconocimiento y admiración, en suma integración, en los países donde habitan en la actualidad. Eso es verdad y además es muy positivo que sea así, porque indica que el deporte puede ser un buen camino para la integración basada en el reconocimiento del propio mérito y el esfuerzo personal y no el color de la piel, la raigambre nacional del  nombre, la pureza de  sangre autóctona o de los apellidos del atleta.

Ese es la vía, insisto una vez más, que debemos recorrer los europeos para obtener todas las virtualidades de nuestras cambiantes circunstancias en lo tocante a diversidad.

 

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