Europe Day / El Día de Europa

El día de Europa.

Han transcurrido ya 55 años desde aquel 9 de mayo de 1950, cuando se presentó, en la ciudad de Paris, lo que conocemos como “declaración Schumann”, embrión ideológico de lo que después sería el tratado de Roma de  1957. En aquellas fechas, un grupo de visionarios, Schuman, Monnet, Adenauer, de Gasperi, Spaak, Churchill… pusieron en marcha un proyecto que pretendía sentar las bases de la convivencia pacífica, el progreso, la paz y la libertad en un continente tradicionalmente asolado por guerras y crisis de todo tipo. Lo hicieron mediante una apuesta decidida por la unidad europea. Desde entonces el  proyecto no ha hecho sino crecer y expandirse por el territorio de la vieja Europa. Ha sucedido así, a pesar de que el camino ha estado sembrado de dificultades, algunas formidables, como las de tipo financiero que asolan en la actualidad a algunos países. Así ha sido, porque probablemente los europeos no tenemos otra opción. Es verdad que esta unión se ha basado más en aspectos económicos que políticos y desde luego sociales, que son el elemento más débil del proceso de integración. Hemos avanzado mucho en asuntos como  la moneda común o  el diseño de mecanismos financieros  compartidos. Pero nuestras instituciones políticas son aún endebles y nuestra posición en el mundo aparece desdibujada. Nos queda por resolver la cuestión crucial de la ciudadanía europea. Nuestra capacidad de influir en los asuntos que interesan a los habitantes del globo es escasa. Otras potencias emergen y empiezan a desempeñar un papel dominante. Tal vez la preponderancia casi excluyente que estamos concediendo a las cuestiones económicas, constituya una distracción dañina para el proyecto en el largo plazo.

En esta efemérides, quiero resaltar un aspecto que tenemos los europeos y que constituye una fortaleza. Me refiero a nuestra diversidad, consustancial a nuestra cultura y a nuestra historia. Un ciudadano del Norte de Suecia es aparentemente muy diferente de otro habitante de Sicilia o de Murcia. Viven en territorios distintos, se expresan en lenguas diferentes y se dedican a asuntos  dispares. Y sin embargo, ambos forman parte de un mismo proyecto de futuro, la Unión. Tienen representantes  en las instituciones europeas y para bien o para mal, sufren directamente las consecuencias de decisiones que toman organismos sitos en Bruselas, Estrasburgo, Luxemburgo o Frankfurt. A pesar de nuestras diferencias de lengua, costumbres, religión, sistemas políticos u ocupación, los europeos hemos apostado firmemente  por una vida en común. Nos hemos dotado de instituciones que,  tienen el objetivo de diseñar los mecanismos para asegurar esa meta. Lo que hace grande el proyecto europeo es precisamente que procura la  articulación de los intereses en un marco de diversidad. La clave para que en el futuro el proyecto avance, puede estar en construir no “por encima de las diferencias” sino contando con ellas. En este sentido, la Unión europea puede ser un ejemplo para otras regiones del planeta. Que la idea es atractiva parece demostrarlo el hecho de que países pertenecientes a otras realidades culturales, como Turquía, aspiran a acceder a la Unión europea. Otros intentos de unión basados en nuestra experiencia, se dan en varias partes del mundo, lo que nos haría pensar en una  versión actualizada del rapto de Europa.

Naturalmente, hay que reconocer que el  objetivo que nos anima a todos aún está lejano. Incluso, no es aventurado decir que el camino no está bien orientado, porque ignora precisamente aspectos que son primordiales, referidos a los derechos sociales y políticos de la ciudadanía, desconociendo la propia riqueza de la diversidad, considerada sólo como cuestión cultural. Probablemente hay que replantear muy a fondo los mecanismos de participación política para dar una respuesta actual a la articulación de la diversidad cultural, social y territorial. Dicho en otros términos, la gestión democrática de la diversidad debería ser una preocupación de los  dirigentes de la Unión.

El día de hoy, nueve de mayo, recordamos a aquellos que, hace ya más de cincuenta años, tomaron una decisión que cambió el curso de la historia. Fueron capaces de ver  un camino común en un mundo dividido y enfrentado. A ellos nunca les insalvable, incluso, tal vez pensaron que construir un territorio común en esas condiciones, era lo que daría virtualidad a la idea de la unidad. Eran gente sabia. A nosotros, sus herederos, nos corresponde mejorar el proyecto, respetando la creciente diversidad y haciendo de ella instrumento de cambio y progreso.

9 de mayo 2010

 Europe day (English version)

Today have passed, fifty-five years since that May 9th, 1950, when was filed in the city of Paris, the “Schuman declaration”, ideological embryo what became , several years after, the Treaty of Rome in 1957. At that time a group of visionaries, Schuman, Monnet, Adenauer, de Gasperi, Spaak, Churchill … launched a very interesting project. This project sought to lay the foundations of peaceful coexistence, progress, peace and freedom in a continent traditionally plagued by wars and crises of all kinds. They expressed a firm commitment to European unity.  Since then, the project has grown and spread through the territories of Old Europe. This has happened despite the fact that the way has been strewn with difficulties, some formidable as those of financial nature that nowdays plague some countries. Probably this is because Europeans have no choice but the unity. It is true that this union has been based more on economic issues than political and social course, which are the weakest element of the integration process.  We have made good progress in relation to the common currency or to design financial mechanisms. But our political institutions are still weak, and our position in the world appears blurred. We still need to resolve the crucial question of European citizenship. Our ability to influence matters of concern to the inhabitants of the globe is short. Other powers are emerging in the world and start to play a dominant role. Perhaps the almost exclusive dominance that we attach to economic issues, constitutes a harmful distraction to the whole project in the long term. 

In this anniversary I want to stress a point that we have the Europeans and that is a strength. I refer to our diversity, inherent to our culture and our history. A citizen of northern Sweden is apparently very different from another inhabitant of Murcia or Sussex. They live in different territories, they speak different languages and perhaps they are concerned about different issues.  Yet both are part of a project for the future, the Union. They have common representatives in the European institutions and for better or worse, they suffer directly the consequences of decisions made by entities situated in Brussels, Strasbourg, Luxembourg or Frankfurt. Despite our differences of language, customs, religion, political systems or occupations, the Europeans have a firm commitment to a life in common.  We have established institutions that aim to design mechanisms to ensure this goal. What makes great the European project is precisely that it seeks to articulate the interests within a framework of diversity. The key for  the future progress of the project, it is that it can be built  not “above the differences,” but considering them.  In this regard, the European Union may be an example for other regions of the planet. Which proves the appeal of the idea is that countries belonging to other cultures, like Turkey, aspire to join the European Union. Other attempts at unity based on our experience, are given in various parts of the world, in an updated version of the Rape of Europe.

 Of course we must recognize that the goal is  still far. It is  no exaggeration to say that the way is not well oriented, precisely because it ignores issues that are priorities, referring to the social and political rights of citizenship. Unfortunately, the Brussels plans are not acknowledged by the richness of diversity. In it diversity is  considered only as a cultural issue. Perhaps we should reconsider very deeply the mechanisms of political participation to provide an updated response to the articulation of cultural, social and territorial diversity. In other words, the democratic management of diversity should be a concern for the leaders of the Union.

 Today, May 9th, we must remember those who fifty years ago, did something that changed the course of History. They were never discouraged by the differences. It seems that never considered it an insurmountable obstacle. Perhaps even they thought that the differences could stimulate the construction of common ground. They were wise people. We, their heirs, for us to improve the project, respecting the increasing diversity and making it an instrument of change and progress.

May 9th, 2010.

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